
Vinilo
MONSTERS
TOM ODELL
Review
Cuarto álbum de estudio del cantautor británico, y su giro más despojado, personal y valiente. Tras la balada de piano que lo lanzó a la fama con Long Way Down (2013) —esa vena heredera de Elton John y Ben Folds—, Odell se aleja aquí del pop orquestal de estadio para adentrarse en un territorio más íntimo, minimalista y de texturas electrónicas sutiles. El disco es abiertamente confesional: aborda sin filtros su lucha con la ansiedad y los ataques de pánico, y esa honestidad emocional es su columna vertebral. El resultado tiene algo del susurro nocturno de Bon Iver y de la fragilidad electrónica de James Blake, con el piano y la voz de Odell —siempre expresiva, al borde del quiebre— en el centro, pero ahora envueltos en producciones más escuetas y atmosféricas. Los puntos altos —"numb", "monster", "money", "lockdown"— exploran la desconexión, la salud mental y el vacío de la vida moderna con una vulnerabilidad desarmante. Es un disco de escucha íntima, pensado para la penumbra y la atención plena más que para el gancho inmediato.